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"El fin de la ley es obtener la mayor ventaja posible para el mayor número posible".
Jeremy Bentham (filósofo inglés)
El tránsito automotor en Venezuela, es tal vez uno de los más anarquizados no sólo en América Latina sino en el mundo. Un buen número de conductores no cumple las leyes ante la indiferencia y pasividad de los encargados de vigilar y dirigir el tránsito.
Mención especial merecen los motorizados que se han multiplicado alarmantemente y hacen y deshacen tanto en las vías expresas como en carreteras, calles y avenidas: zigzaguean imprudentemente en autopistas y carreteras, desarrollan velocidades más allá de lo permitido por ley, ponen sus vidas y las de sus acompañantes en riesgo, violan impunemente las leyes e irrespetan el flechado urbano. En ocasiones hasta tres personas, incluyendo niños, y sin cascos, ocupan una moto diseñada para dos. Y todo ocurre ante la mirada displicente de los legalmente responsables de la vigilancia.
La Asamblea Nacional decidió finalmente dedicarle tiempo al problema en un intento por poner orden, pero los diputados, presionados por los motorizados, accedieron a una serie de demandas de estos a pesar que la legislación ya había sido aprobada el martes 13 y sólo faltaba el Ejecútese del presidente Chávez.
Acertadamente, la ley sancionada el martes decía: "Serán sancionados con multas de cinco unidades tributarias los (motorizados) que circulen entre canales o paralelamente a otro vehículo en movimiento en el mismo canal de tránsito". Pero el gozo se fue al pozo. Tras la manifestación del miércoles, se enmendó la ley y la penalización se aplicará a los "que circulen entre canales o paralelamente a otro vehículo en movimiento a más de 60 kilómetros por hora en el mismo canal de tránsito".
Con ello, los diputados desaprovecharon una buena oportunidad para meter en cintura a un número considerado de motorizados abusadores, que burla el derecho de la mayoría. ¿Qué autoridad del tránsito va a medir si un motorizado rebasa los 60 kph?... Ninguna.
El tránsito en Venezuela y en particular del Distrito Capital, ha devenido en un infierno donde se impone la ley del más fuerte, las autoridades no hacen cumplir las disposiciones legales porque sencillamente no hay autoridad a pesar que no sólo los motorizados y sus acompañantes exponen la vida, sino que igualmente terceras personas se convierten en actores involuntarios de hechos incluso fatales.
No puede omitirse la proliferación de hechos delictivos en los que incurren motorizados, que aprovechan de la lenidad legal para cometer sus fechorías.
¡Continuamos en el limbo!
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